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🇨🇾 Relato · Chipre

Chipre: Nicosia la dividida, Pafos y los montes Troodos

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By Nora · June 14, 2026 · 7 min read
La roca de Afrodita (Petra tou Romiou) emergiendo del mar azul en la costa sur de Chipre, cerca de Pafos.

Aterricé en Chipre esperando una isla de playas, y encontré algo más extraño y más conmovedor: un lugar que sostiene dos mundos a la vez. La llaman la isla de Afrodita, nacida de la espuma frente a una roca de la costa sur, y ya volveré a esa roca. Pero mi primer recuerdo de verdad es Nicosia, la capital, y el hecho de subir por una callejuela estrecha hasta que se detuvo en seco ante un puesto de control, sacos de arena y un cartel azul de las Naciones Unidas, la ciudad continuando al otro lado de una línea que no podía cruzar sin mi pasaporte. Chipre está dividida, y en lugar de andar con pies de plomo, decidí mirarla con honestidad, como se mira una vieja cicatriz: con respeto, y sin tomar partido.

Me había concedido una semana, un cochecito de alquiler y un plan flexible en torno a tres cosas: la capital, los mosaicos de Pafos y la montaña. Lo que no había previsto es hasta qué punto el viaje se jugaría en la mesa, el halloumi chirriando entre mis dientes, los platos de meze llegando más rápido de lo que podía terminarlos.

Nicosia, la última capital dividida

Nicosia — Lefkosia para el sur de habla griega, Lefkoşa para el norte de habla turca — es la única capital de Europa todavía partida en dos. Una zona de amortiguación patrullada por la ONU, la famosa Línea Verde, atraviesa en línea recta las murallas venecianas, y el contraste te golpea a pie mucho más que en cualquier mapa. Pasé una mañana en el casco antiguo del sur, todo buganvillas y tiendas de artesanos, y luego caminé hasta la calle Ledra, donde uno de los puntos de paso peatonales te deja cruzar con tu pasaporte. En el lado norte, la llamada a la oración flotaba sobre los tejados y la gran mezquita Selimiye se revelaba como una catedral gótica a la que le habían atornillado minaretes: piedra de los Lusignan, uso otomano, en capas como todo aquí. Me mantengo factual sobre la política, porque no me corresponde a mí juzgarla: hay una línea, hay pasos, y la gente vive plenamente a ambos lados.

« En Nicosia puedes tomarte el café de la mañana en la Unión Europea y el té de la tarde fuera de ella, y hacer todo el trayecto a pie en veinte minutos. »

Esa corta caminata es también donde tengo que ser honesta sobre tu teléfono, porque me pilló desprevenida. La República de Chipre — el sur — está en la Unión Europea, así que la regla del « roaming como en casa » se aplica y mi tarifa simplemente funcionó, rápida y tranquila, como lo habría hecho en Grecia o en España. Pero en el instante en que pasé al norte, mi teléfono se enganchó a una red turca, y eso está fuera de la UE. El « como en casa » no lo cubre, y pueden caer cargos de roaming sin avisar. Había apagado mis datos antes de cruzar y los volví a encender una vez de vuelta en el sur: un reflejo de treinta segundos que me evitó una mala sorpresa.

Pafos, los mosaicos y la roca de Afrodita

Conduje hacia el suroeste hasta Pafos, donde el pasado está bajo tus pies de la forma más literal. En el parque arqueológico, bajo refugios modernos, duermen los mosaicos romanos de la Casa de Dioniso: suelos enteros de escenas de caza y de mitos dibujados con minúsculas piedras de colores, lo bastante nítidos después de dieciocho siglos como para que me quedara largo rato agachada sobre el flanco moteado de un leopardo. Está clasificado por la UNESCO, y se entiende por qué. Muy cerca, las Tumbas de los Reyes están talladas en la mismísima roca sobre el mar, vastos patios subterráneos que nunca albergaron a un solo rey, pero que se ganaron el nombre por su magnitud. Luego, en la carretera de la costa, me detuve en Petra tou Romiou — la roca de donde la leyenda hace surgir a Afrodita de las olas. No era más que una piedra pálida en un mar de un azul intenso, y así era mejor; me senté en los guijarros y dejé que hablara el oleaje.

Los montes Troodos, las iglesias pintadas y una larga sobremesa

Hacia el interior y hacia arriba, los montes Troodos fueron la parte que no sabía que iba a amar más. La carretera sube a través del pinar hasta pueblos de piedra donde los mayores juegan al backgammon en la plaza y donde el aire huele a resina y a humo de leña. Anidadas en estas colinas, pequeñas iglesias bizantinas de tejados sobrios, casi graneros, esconden interiores cubiertos del suelo al techo de santos pintados — varias clasificadas en conjunto por la UNESCO, y estar dentro de una de ellas, sola, con el cuello estirado, fue el momento más silencioso de toda mi semana. Más arriba aún, llegué a Kykkos, el gran monasterio envuelto en mosaicos dorados y en olor a incienso. Bajé de nuevo hacia una taberna de Limasol, en la costa, y un meze que no terminaba: halloumi a la parrilla, aceitunas, cordero confitado, y una copita de commandaria, el vino ámbar y dulce que se hace en esta isla desde la Antigüedad.

📶 El consejo de Nora

La sutileza chipriota vale la pena entenderla antes de partir. La República de Chipre (el sur) está en la UE, así que tu tarifa europea « como en casa » funciona ahí con normalidad y la cobertura es sólida en las ciudades, en la costa e incluso en la mayoría de las carreteras de los Troodos. Pero en el norte, tu teléfono tiende a conectarse a redes turcas que están fuera de la UE, donde el « como en casa » no se aplica y donde pueden aparecer cargos de roaming — así que apaga tus datos antes de cruzar la Línea Verde, o consulta primero las tarifas de tu operador. Comprueba la compatibilidad de tu teléfono en 30 segundos aquí y encuentra tu tarifa en la página de destinos (al estar el sur en la UE, una tarifa UE/EEE lo cubre muy bien, y te sirve también para un viaje europeo más amplio).

Lo que me llevo

Chipre me dio mucho más que la isla de playas que esperaba a medias. Me dio una capital que se cruza en pocos minutos y toda una historia de golpe, mosaicos lo bastante nítidos como para tocarlos, iglesias de montaña pintadas que me hicieron susurrar, y una generosidad en la mesa que sentí cada día. Es una isla que vive entre dos mundos, con gracia y sin dramatismo — y el único deber que te pide es saber, antes de cruzar esa línea, con qué mundo está hablando tu teléfono.

— Nora, con halloumi en el plato y sal en la piel, en la isla de Afrodita.

Nora

AEY travel-journal writer

Nora

Nora follows markets and festivals — street food, covered halls, carnivals. She tastes before she judges.

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